domingo, 16 de diciembre de 2012

Está sentada en una silla, con las piernas cruzadas, la cabeza agachada mirando a ninguna parte y con un pañuelo en la mano. Cada vez respira más hondo, suspira y niega con la cabeza apretando los ojos para que no se le salten las lágrimas.
Esa soy yo, la que no aprende, la que se equivoca con la misma piedra una y otra vez, la que sigue teniendo la esperanza de que ciertas personas cambien, la que confía en quien no debe.
Cada vez me doy cuenta de que soy más tonta, que me arrastro demasiado por personas que no valen la pena, prefiero antes su felicidad que la mía.
¿Qué sentido tiene eso?
No sé valorarme, es a la única conclusión a la que sé llegar, aparte de que soy masoquista, que está visto y comprobado.
Soy demasiado sensible, me ahogo en un vaso de agua y cualquier cosa puede hacerme daño.
16 años de mierda.
Me dan envidia algunas personas, esas que son tan felices, todo les sale bien, sin problemas ni preocupaciones, ¿el secreto? Pasan de todo. Algo que se ve tan sencillo y es tan difícil a su vez.

1 comentario:

  1. Hola, acabo de descubrir tu blog escribes super bien tienes unos pedazos de textos increibles enserio, así que te sigo ya en tu blog y te invito si quieres a conocer el mío que espero que te guste:) un besazo

    http://blairchevaliers.blogspot.com.es/

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